Aristóteles y Kant se encuentran en el mundo espiritual

El diálogo que sigue fue escrito por NovelAi, un asistente de escritura especializado en producir novelas, a partir de un párrafo escrito por Jarvis, otro asistente de escritura

Aristóteles y Kant se encuentran en el mundo espiritual. Aristóteles, de pie junto a una mesita que contiene pan, fruta y agua fresca. Kant, cerca de un fuego ardiente con dos sillas frente al mismo. El primero lo invita al segundo para sentarse con él pero este le responde: “Le ruego me disculpe si he interrumpido su reunión o traje sus planes inacabados”. Aristóteles sonríe antes de contestarle: “Bueno en realidad no es una reunión, sino más bien un “tiempo de ocio de los espíritus”. Además estamos en el mundo espiritual no en el celestial para que nos preocupen los planes inacabados”. Kant toma asiento. Está pensando sobre la metafísica del alma y quiere apoyarse en Aristóteles. Pero como hablan diferentes idiomas, solo pueden entablar conversación en griego.

—Hola Aristóteles —dice Kant.

—¡Basta ya! ¿No podemos charlar en nuestro propio idioma?

—Por supuesto. Solo quería decirle que me gustaría tener un buen momento para escuchar su tratado Metafísica.

—Me alegro de que sea tan amigo de mi obra.

—Y yo de ser tan amigo de su obra. Por ejemplo, creo que usted tiene razón cuando afirma que la noción de Dios como causa última es insostenible. Lo vemos en el universo. En él hay muchas cosas que no tenemos idea de su origen. Así como usted dice que el movimiento circular es necesario porque las partes de un cuerpo se repelen, yo digo que la vida es necesaria porque la materia y la energía interactúan.

Kant hace un gesto de desaprobación.

—Estoy de acuerdo con ambas ideas. La única diferencia es que yo argumento de manera naturalista, mientras que usted argumenta de forma teleológica.

—Eso no importa. Lo que me interesa es que usted considere que la existencia de Dios es imposible. Yo no lo creo.

—No podemos conocer a Dios. Si Dios existiera, nosotros estaríamos obligados a creer en Él. Y, si fuéramos capaces de conocerlo, tendríamos que reconocer su superioridad. De ahí que sea imposible saber si Dios existe o no.

—Lo que me molesta de su teoría es que no da lugar a una prueba racional. Dios es el fin de toda la actividad humana. Si Dios no existiese, estaríamos obligados a renunciar a nuestra meta. Es una falacia.

—Es posible que una consecuencia de la muerte de Dios sea la destrucción de la Tierra. Pero no es una prueba.

—Si no hay Dios, el universo no tiene un propósito. No hay un final para la creación.

—El universo es puramente accidental.

—Dios es la causa de la bondad moral. Sin Él, el hombre no tendría valores morales.

—Es un error decir que la religión es una ilusión.

—La existencia de Dios es verdadera. Por eso debemos creer en Él.

Kant suspira.

—Entonces, ¿cuál es tu respuesta a mi argumento?

—Yo diría que es un error decir que la muerte de Dios es inevitable. Podemos hacerlo posible. Conviene observar a los otros dioses.

—Aun así, si Dios no existe, entonces el universo carece de sentido.

—Solo en la medida en que se pueda comprender algo del Universo. Por ejemplo, podemos inferir que existe un orden universal, que existe una ley inmutable.

—Todo lo que he dicho es falsedad.

—¿Cómo?

—Creo que todos los dioses son ficticias.

—En realidad, solo creo que Dios es un dios.

—Los demás dioses son meras ilusiones.

—¡No puedo creer que Dios sea una ilusión!

—Si Dios no existe, entonces eso es una verdad.

—Pero no es una verdad filosófica.

—Dios es el fin de toda actividad humana. Si no existiese, no habría ninguna razón para actuar.

—¡No puedo creer que Dios no exista!

—Solo soy un ateo.

—Pero, Kant, ¿qué opinas sobre la metafísica?

—Que es un arte perverso.

—Y sobre la teología?

—Que es una ciencia sin objetos de investigación.

—La mayoría de las personas rechazarán sus conclusiones.

—Las cosas no serían como son si Dios no existiese.

—Me gustaría escuchar tu punto de vista.

—De acuerdo. En primer lugar, Dios no es un dios. Solo es una idea.

—¿Qué quieres decir?

—Es una ilusión. El hombre inventa una divinidad y luego trata de convencerse de que es verdadera.

—Todavía no entiendo por qué no puede existir un dios.

—Nosotros somos los únicos que creemos en él. Los demás no lo hacen. Por eso no creemos que exista.

—¿Y quién es ese “nosotros”?

—La Humanidad entera.

—Pero no tenemos ningún interés en creer en un dios.

—Pero, por otra parte, no tenemos ningún motivo para creer en un dios.

—Solo porque creemos en un dios, no significa que debamos creer en un dios.

—No creo que esto sea verdad.

—Pero, si yo digo: “Creo en un dios”, puedes responderle: “Bien, entonces deberías creer en un dios”. Y, si no crees en un dios, entonces debes creer en un dios. Esto es lo que llamo el principio de autorresponsabilidad.

—El principio de autorresponsabilidad… Tengo que admitirlo, Kant. Yo también creo en un dios.

***

—Por lo tanto, me parece que estamos de acuerdo.

—Gracias.

—Pero, de repente, usted se ha convertido en un ateo.

—Bueno, en realidad, no he cambiado de opinión. No soy un ateo. Sino un agnóstico.

—Una persona que no crea ni en un dios, ni en un mundo espiritual, ni en Dios.

—Exactamente.

—Es una postura filosófica tan radical como la de Spinoza.

—Sí, pero con una diferencia crucial.

—¿Cuál?

—Spinoza afirmaba que todo lo que sucede es pura casualidad.

—Eso es imposible.

—Y, además, es una locura.

—Pero, si todo lo que sucede es casual, entonces, ¿cómo explicamos el azar?

—A mí me parece que el azar es una manera de referirnos a lo que no sabemos.

—¿Y por qué hay un mundo espiritual?

—Porque no podemos explicarlo de otro modo.

—Entonces, ¿por qué es necesario?

—Para que seamos capaces de sentir nuestra propia condición de animales.

—Pero no tenemos idea de lo que es ser un animal.

—Pues no, y eso es exactamente lo que quiero decir.

—Pero, si no existiera ningún espíritu, entonces todos los individuos tendríamos una idea equivocada de nosotros mismos.

—Ya lo sé. Es lo que ocurre con los ateos.

—En efecto. Pero no estoy interesado en defender la existencia de un mundo espiritual. Lo que intento es mostrar que existe una razón lógica para creer en él.

—No creo que sea posible probar algo así.

—¡Vaya! La crítica de Kant, que se basa en un principio de autorresponsabilidad, no es más que una manera de negarse a creer en un mundo espiritual.

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